De fiesta.
En la defensa de costas, acuartelados, una vez se quisieron
ir de fiesta y el oficial de guardia, cabreado, hizo una línea en el suelo con
su arma afirmando que quien la pasara sería fusilado. Aún sin levantar el
fusil, ya estaban todos al otro lado. Un magnífico ejemplo de la organización y
disciplina del ejército popular en ciertos momentos.
Pavos con paracaídas.
La única forma de aprovisionamiento era aérea, ya que las
provisiones venían desde Sevilla y Córdoba, pero era imposible utilizar los
paracaídas para hacerles llegar los suministros por la dificultad de hacerlos
caer en el pequeño reducto del Santuario. Así que, decidieron utilizar dos
técnicas: una, lanzándose en picado hacía el objetivo para aproximarse lo
máximo posible y, una vez soltados los suministros, remontar rápidamente; y,
dos, la técnica del pavo para las provisiones más delicadas y de poco peso
(medicamentos). Esta última técnica consistía en soltar los pavos, a los que
previamente se les habían atado las provisiones, desde la vertical del objetivo
y con su frenético aleteo, que no les permite volar pero sí frenar la caída,
aterrizar sin romper la carga. Además, este curioso paracaídas también se podía
comer. Gracias a estos suministros, los sitiados aguantaron 9 meses… el uno de
mayo de 1937 caía el Santuario ante la ofensiva de los republicanos.
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